EDUCACION EN
VALORES
Los Valores
Constituyen una serie de características subjetivas que definen la
personalidad o el modelo de personalidad que posee un sujeto, proporcionan
felicidad y son indispensables unas más que otras. Estas características surgen
a partir del concepto que se tiene sobre lo que
debe ser humano y se desarrolla con la intención de buscar la
convivencia en sociedad.
Según,
El ser humano necesita una brújula que le indique el camino a seguir, en
este sentido los valores constituyen esa brújula que le indica cómo llegar al norte
de su existencia, a la felicidad. Los valores se encuentran alojado en la
psiquis de las personas y le proyecta un modelo ideal de cómo actuar para
lograr los objetivos y metas que integran
su proyecto de vida, son adquiridos por
imitación de allí la importancia de los padres en la vida de cada ser humano.
De esta manera, los valores acompañan en la
felicidad y en la desgracia, el ser humano no nace con ellos, se les muestra,
los aceptan, los construyen. En ese sentido, el ambiente y la familia
constituyen parte fundamental ya que se utiliza lo que ofrece la cultura en que
se nace. Se observa en la conducta de nuestra familia mientras crecíamos y paulatinamente
formo parte de nuestro ser, para ser inseparable de nuestra manera de ver la
vida. De distinguir lo correcto o lo incorrecto o la bueno de lo malo.
Valores que importa
aprender en la vida
En la actualidad, los medios de
comunicación dirigen la atención de la población hacia una variedad de
características clasificadas como valores, que serán verdaderos o falsos
dependiendo de la perspectiva de quien las quiera seguir, tales como dinero,
fama, poder, éxito, juventud prolongada, sexo, la búsqueda incesante del
placer, competitividad, etc. Sin embargo, existen valores esenciales para el
desarrollo de la sociedad.
Cabe destacar, los valores más
importantes que constituyen bases firmes, perdurables y de una u otra forma abarcan
muchos otros, es el amor y la vida. El amor, en sus diferentes manifestaciones
da origen a la tolerancia, colaboración, el perdón, el respeto, la bondad entre
otros. Son características que permiten la convivencia y el desarrollo de la
sociedad en armonía, con lo cual se logra la perpetuidad de la especie. Y el
predomino del bien ante el mal.
Así mismo el valor de la vida,
entender e internalizar el valor de la vida, propia y ajena, implica la
cristalización del amor al prójimo, la proyección del hombre caritativo, el
luchador por causas nobles y defensor de la naturaleza. Uno de los logros más
resaltante que tiene el ser humano es la procreación, dar vida mediante un acto de amor y dolor debe
ser la mayor felicidad aunque no todos los casos son iguales. En este sentido,
el respeto por la vida de otro y conjugar el amor por la vida dentro del ser
humano, implica cultivar además sentimientos que aseguran la salud mental y
espiritual del individuo.
La familiar
Desde la primaria nos han enseñado
que la familia es la base fundamental de la sociedad, bases fuertes y solidad
permitan el desarrollo de la sociedad en
todos los sentidos, para ello se requiere de hombres y mujeres sanos emocional
y mentalmente. Por lo que, la infancia
constituye la etapa primordial, el niño
representa un recipiente vacío que a través del ejemplo de los padre, el
ambiente familiar, las reglas morales y culturales lo van a llenar, dándole un
modelo a imitar, una idea firme y perdurable del concepto que tiene sobre cómo debe
ser.
Uno de los aspectos más importantes
en la crianza de un niño, constituye el autoestima y esto se logra, mediante
gestos, detalles que manifiestan amor hacia ese
niño, la aprobación de sus aspecto físico, la celebración de sus logros
deportivos o intelectuales, constituyen fuente de alegría y orgullo que se traduce en seguridad, confianza y una
elevaba autoestima. El sentirse atendido y amado le dará, poco a poco, la
confianza básica requerida en su proceso de desarrollo. Estos cimientos de amor
generoso e incondicional son muy relevantes para construir nuestra escala de
valores.
Es importante revisar nuestra propia escala de valores, nuestro comportamiento,
preguntarnos diariamente si somos buenos modelos para nuestros hijos, si le
comunicamos de manera efectiva nuestro amor, si se saben amados por igual, si
están consiente del valor que tienen para nosotros, solo así lograremos
mantener el rumbo que trazamos para la mejor crianza de ellos. Ser padre
implica una hermosa labor de 24 horas y un pago la felicidad de nuestros hijos.
De lo anterior se desprende, que es la familia el ambiente idóneo donde
el niño aprenderá los valores, que pueden ser reforzados en la escuela. Es por
ello que se habla de nociones que se
aprenden desde la cuna. Esta afirmación encierra una gran verdad, ya que
en la infancia, mediante nuestras vivencias, hacemos nuestros los valores que
se viven en el seno familiar.
La comunicación, juega un papel preponderante, debido a que el
aprendizaje, se lleva a cabo por medio del diálogo y la reflexión. El ejemplo,
viene dado mediante la observación de la forma como los padres y otros seres
significativos viven su vida y hacen de su existencia una buena vida. Por lo
que se dice que los valores esenciales, se aprenden en casa, en la infancia así
como la diferencia entre obrar bien o mal.
Además, en la infancia, las enseñanzas recibidas no son cuestionadas y
en el proceso de crecimiento el niño empieza a ser crítico de esas normas. Pero
la adolescencia, es una etapa donde los valores recibidos por la familia son
cuestionado para buscar valores propios, autogenerados, que van a acompañarlos
posiblemente el resto de la vida: Allí radica la importancia de dar ejemplos de
valores firmes y perdurables, que eviten conflictos internos capaces de
inclinarlos a la práctica de antivalores.
Un hijo se ama, solo porque es un hijo, porque es la
prolongación de tu vida, no se discrimina o diferencia de otros hijos, esta
práctica solo trae conflictos, enemistades entre la familia y la inclinación
hacia los antivalores. Las manifestaciones de amor deben ser constantes, como
regar una planta, hablarle y proporcionarle el ambiente adecuado para su
desarrollo. Es por ello que los gestos y actos de los padres deben estar
orientados a dar amor incondicional y equitativo.
Ambiente
propicio para construir valores
Para ello, debe existir un ambiente afectivo y protector entre sus
miembros, lleno de compromiso y colaboración, constituye el mejor ambiente para
el acompañamiento en la construcción de los valores, donde haya respeto mutuo,
de padres e hijos, lo que se logra cuando todos en familia esta cohesionada. Para
los hijos es importante sentir el respeto de sus padres, su espacio, su
identidad, la aceptación de sus errores, su singularidad. Lo que acentúa su
autoestima y la seguridad o firmeza de sus decisiones.
Para educar en valores, la familia debe crea un ambiente agradable,
accesible para el crecimiento psíquico y emocional de todos sus miembros, donde
se respete su pluralidad, se enaltezcan su independencia y se estimule su
libertad. La crianza debe ser un proceso de vida, agradable, cordial, no un
adoctrinamiento militar para el futuro. En este aprendizaje del sentido de la
vida, la parte afectiva debe ser, más trascendental que la adquisición de
conocimientos.
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